martes, 20 de mayo de 2014




Por Iván Vallejo:

ANIVERSARIO EVEREST (4)

Quito, 19 de mayo de 2014

Queridos amig@s de ECUADOR Y DEL MUNDO.

Les comparto la crónica de hoy.

LAS LECCIONES QUE DEJA UNA TORMENTA

El día 18 de mayo de 1999, justamente hace quince años, terminaba mi proceso de aclimatación llegando por primera vez al Campamento 3 a 8 300 m. para dejar allí un depósito de carpa y comida, de cara a nuestro asalto a la cumbre en los próximos días, después de nuestro último descanso.

Sin haber cumplido antes un minucioso proceso de aclimatación es imposible pensar en un ataque a la cumbre sin la ayuda de oxigeno. Se trata de un ejercicio que requiere de mucha paciencia, constancia y humildad, pues hay que subir y bajar la montaña varias veces de manera que, pacientemente, el cuerpo humano se vaya adaptando a la falta de oxígeno.
Por encima del Campo Base (CB), que estaba ubicado a 6 320 m (la misma altura que la cima del Chimborazo), colocamos tres campamentos más: el Campo1 a 7 130 m , el Campo 2 a 7 700 m y el Campo 3 a 8 300 m. El tiempo requerido para este proceso nos tomó casi un mes. Finalmente, al 18 de mayo, día que por primera vez alcanzamos el lugar del Campo 3, habíamos subido seis veces hasta el C1 y dormido allí tres noches; tres veces al Campo 2 e igual número de noches habíamos dormido y una vez hasta el Campo 3.
La meticulosa ejecución del proceso de aclimatación era una de las garantías que teníamos para nuestro sueño de llegar a la cima de la Chomolungma sin la ayuda de oxígeno.
Los días anteriores se había desatado un período de mal clima, con mayor furia y estragos por encima de los siete mil metros. Las noticias que teníamos, gracias a los sherpas de las expediciones comerciales, era que varias tiendas del Campo 2 y 3 habían sido destruidas por la fuerza de los elementos. En mi sana adicción al optimismo sentí pena por las carpas destruidas de mis pares, porque obvio, la nuestra permanecería valientemente plantada dando la cara al vendaval.

El lunes 17 de mayo teníamos como objetivo, aprovechando la aclimatación que habíamos alcanzado hasta ese momento, subir directamente desde el CB hasta el C2, es decir, cubrir mil tres cientos metros de desnivel en una sola jornada. La intención era llegar ese lunes al C2, dormir allí, y al siguiente día subir hasta al C3 a 8 300 para completar nuestra aclimatación y estar listo para la cima.
La siguiente parte del relato está tomado de mi diario de expedición

“ A las tres de la tarde estoy por llegar al Campo 2, busco con ansiedad el lugar donde lo habíamos plantado; bañado de optimismo me acuso de tener pésimo sentido de orientación y que por eso no ubico nuestra tienda. Pero muchas veces el optimismo se da de cara contra la realidad. Al llegar al sitio exacto compruebo el desastre. Nuestra tienda no solo que fue dañada por el viento, fue destrozada completamente y no sirve para nada. Todo el sector de la puerta delantera ha sido desgarrado, las varillas de aluminio de la armazón han quedado retorcidas como si fueran de plastilina, y para la colmo la ropa y la comida que dejamos como depósito se ha echado a perder. Entre el viento, la nieve y el frio todo se ha vuelto una sola masa de hielo inservible, de la cual es muy poco lo que podemos rescatar.
Que desolación, que frustración, que ganas de abandonarme.
Después de tantos viajes y tanto esfuerzo para colocar este campamento, y ahora esta es la cruda y dura realidad…perdimos todo.
Ni despotrico, ni me quejo, ni hago berrinche.
¿Para qué? ¿De qué sirve? ¿A quien le puteo? ¿Al viento, a la tormenta? Si así quisiera …¿en donde están? ¿en donde les encuentro?
Me siento en silencio en una roca adjunta al sitio del desastre, dejo mi mente en blanco, respiro y busco pasajes bonitos de mi vida para animarme, y en esa búsqueda, con el rabillo del ojo alcanzo a ver el Piglet, el peluche de la Kamilita que desde hace un mes sube abrazado a mi mochila, con el me acuerdo del guante de arquero que mi hijo me ha enviado de regalo con el compromiso de llevarlos hasta la cima del Everest. Eso es suficiente, para que más, la vida es bella con estos dos hijos sanos y encantadores, con el amor de mi familia y de mis grandes amigos.
Cuando llega Heber ya estoy recuperado de la situación e inclusive le propongo remedio: La carpa pequeñita que hemos traído para el Campo 3 la plantaremos momentáneamente para pasar esta noche, mañana la desmontamos para subirla hasta 8 300 m. La próxima vez que subamos, ya de camino a la cima, podríamos pedir posada en cualquiera de las carpas de algún colega solidario.
Al amanecer del martes 18, a pesar del reducido espacio de la tienda, hemos pasado una noche bastante aceptable, a ratos durmiendo, a ratos soñando y ahogándonos de vez en cuando. Al fin y al cabo son 7 700 m de altitud”

Hasta aquí la cita de mi diario.

Para terminar, me aventuro a compartir con ustedes las lecciones que me dejó ese estupendo evento a 7 700 m, hace quince años, precisamente.

El proceso de colocar varios campamentos a distintas altitudes en un continuo subir y bajar, estarán de acuerdo conmigo, requiere de mucha paciencia y mucha constancia.
Después de varios viajes, con malas noches incluidas, habíamos logrado plantar el Campo 2 a 7 700 m y pasar una noche en ese lugar. De regreso en el Campo Base con los deberes hechos, lo que más nos sobraba era motivación, felicidad y entusiasmo, estábamos a un paso de la aclimatación final, pero….vino la jodida tormenta.
Cuando vi el desastre de nuestra tienda en el Campo 2 lo primero que se me ocurrió pensar fue “esto no nos puede pasar a nosotros; es imposible, si hemos hecho las cosas tan bien; ¿es que así se nos recompensa el esfuerzo?”
Gracias a Dios me ubiqué enseguida y entendí que el Universo en su inmensa sabiduría nos había enviado ese evento como un bello ejercicio de HUMILDAD, para hacernos saber que el esfuerzo, la dedicación y el compromiso tienen que venir siempre acompañados de auténtica humildad y que a partir de allí, soy un simple mortal, de a pie, como el que más, al que también le llega la tormenta y con su irreverencia arrasa con todo. Y después de eso ¿qué queda?.....Solamente comenzar de nuevo.

Finalmente, esto es de mi cosecha: Las tormentas suelen servir para engrandecer el espíritu y hacerlo mas humilde.

Un fuerte abrazo, hasta mañana

Iván vallejo r.
Expedicionario

www.facebook.com/ivan.vallejoricaurte